De aquellas veces en las que, dentro de
tu agonía, aún encontraba fragmentos de ti, cuando aún olías a
madera, tus ojos eran marrones y cuando todavía te tenía miedo,
recuerdo la declaración de amor más bonita que jamás me dijiste
“te amo porque cuando estás triste eres preciosa y te puedo odiar”
Y solo estas cuatro paredes saben
cuanto hice para alejar cualquier vestigio de alegría de mi hogar
solo para que recordaras que mi tristeza era un precio insignificante
por seguir ardiendo, solo las serpientes de mi jardín saben cuantos
centímetros me separé de mi misma para que tus ojos no se tornaran
azules. Renunciar a mis princesas, arrancar las alas de mis mariposas
y plagar de murciélagos mis latidos solo para ser la niña perdida
más hermosa de tu reino...
También recuerdo mi declaración más
profunda “sabes que tu funeral estará conmigo aunque no sepa donde
estás” entonces visualicé tu muerte en invierno, bajo el deseo
de no querer manchar con tus huellas la pureza de la nieve, sin gotas
de sangre , de ni perfume ni de licor y me contestaste “yo no soy
sin ti y tú solo eres conmigo”.
Pero ahora que has matado al otoño y
te enterraste en el invierno, ahora que tu alma ha profanado la
nieve, que te has extinguido y ya no estás, solo lamento descubrir
que mis promesas han sido siempre mentiras, tu funeral no está en mi
corazón, la tristeza ya no encuentra su lugar en el espejo y quizás,
lo más doloroso es saber que sí soy sin ti, que mis demonios,
espirales flores monstruosas, mis lunas y besos, mis sueños y
melodías siguen siendo mi poema, mis labios siguen siendo rojos y
aún puedo bailar aunque nunca deje de ser lúnes.